Después de la plata olímpica en Río 2016, la gimnasia rítmica vuelve a sumar una alegría. Esta vez, en categoría júnior, para seguir confiando en la cantera española y en que pronto vengan más éxitos en la absoluta. La gimnasta vasca Salma Solaun, de 14 años, logró el bronce mundial en Moscú, una medalla que hacía mucho tiempo que no lograba el deporte español, pues la última vez fue en el Mundial de Alicante 1993.

«Nuestro objetivo era enseñar el trabajo, y quizás, si todo estaba de nuestra parte, acercarnos a alguna final, pero ahora mismo estamos viviendo un sueño del que no queremos despertar», ha declarado Marga Armas, directora técnica del Beti Aurrera, que además viajó a Moscú como entrenadora. «Parece un milagro que dos niñas de club hayan podido verse las caras con las mejores gimnastas júnior del mundo, con un balance muy positivo, siendo además de primer año». «La seleccionadora nacional, Alejandra Quereda, nunca dudó e Salma, y apostó con ella con dos aparatos. Las sumas de las notas de cada aparato junto con la suma de las notas de los ejercicios del conjunto colocaron al combinado español séptimas del mundo», ha destacado Armas.

Las vitorianas Salma Solaun y Teresa Gorospe, campeona y subcampeona de España, se han forjado bajo la dirección técnica de Marga Armas en la cancha del Polideportivo de Abetxuko, sin preparadores físicos ni equipo médico, pero con la ayuda del programa de excelencia puesto en marcha por la Federación Vasca de Gimnasia y el Basque Team.