«Yo conocí a Luis Ocaña». Marc Madiot, 60 años y doble vencedor de la París-Roubaix, dirige en el equipo Groupama a Thibaut Pinot, el ciclista mejor parado en los Pirineos durante esta edición del Tour. Madiot, de carácter volcánico, creció en un país que adoraba a Anquetil y Poulidor, y fue compañero de equipo de Hinault y Fignon. Pero su ídolo es Ocaña. Por siempre. Se emociona al recordar al conquense atacando a Eddy Merckx en aquella etapa con meta en Orcieres-Merlette del Tour de 1971. «Luis era de los que se atrevían a tirar una granada sin pensar en las consecuencias», dice. Pasión. «Fue un revolucionario». A Madiot, puro nervio, le ha tocado dirigir a Pinot, que nada tiene que ver con Ocaña. El ciclista galo, favorito para este Tour, es de «los que suben las escaleras de una en una». «Necesita –añade Madiot– saber por dónde pisa». La rabia se la pone él, fiel seguidor de un castellano «loco» y apasionante.

En este Tour todavía manda Julian Alaphilippe, con minuto y medio de renta sobre Geraint Thomas, 1.47 sobre Kruijswijk y 1.50 sobre Pinot. Detrás vienen Bernal (a 2.02), Buchman (a 2.14), Landa (a 4.54) y Valverde (a 5.00). Si, como apuntan los pronósticos, Alaphilippe se derrumba en los Alpes, la clasificación quedaría en un pañuelo. Entre el segundo y el sexto hay apenas 39 segundos. Y quedan tres etapas con montañas por encima de los dos mil metros. Otro mundo.

Los Pirineos han rescatado a Landa y han lanzado la candidatura de Pinot, vencedor en el Tourmalet y segundo en Prat d’Albis. «A Thibaut hay que decirle las cosas con suavidad. Hay que protegerle», comenta Madiot, el guardián de su talento.

Ciclista enfermizo
Es un deportista frágil, enfermizo. Un principio de neumonía le echó del Giro 2018 en la penúltima etapa, cuando iba tercero. Del Tour se ha ido tres veces con fiebre y anginas. Sufrió también el vértigo de los descensos, que le bloqueaban. Pero, con todo, ha ganado en el Alpe d’Huez y los Lagos de Covadonga. Tiene en su palmarés victorias en el Tour, el Giro y la Vuelta. Asombró en la última edición del Giro de Lombardía. En 2014 acabó tercero el Tour, tras Nibali y Peraud, y ahora es la gran esperanza francesa. A su pesar. No le gustan los focos; teme la repercusión mediática del éxito. Las escaleras de una en una. Ocaña las saltaba de cuatro en cuatro y sin mirar. Madiot media entre los dos. Recuerda bien a su ídolo, a Luis, de amarillo. «Ese maillot es la luz».

Todos la buscan. También Alaphilippe. «Comienzo a pagar los esfuerzos. Estoy luchando contra mis límites», asegura el líder. Pero no se rendirá. Habrá que cortarle las piernas para desvestirle. A Thomas, último ganador, le va bien la calma, la paciencia. «Aquí la clave es ser regular. En los Pirineos no he estado como quería, pero he ido a mejor», avisa. Su compañero en el Ineos Egan Bernal, tan joven (22 años), está listo para ser la alternativa si el galés falla. «Esto es el Tour, sé que es el momento de sufrir», se prepara. Kruijswijk y Buchmann, también al acecho, tratarán de agarrarse a un lugar en el podio. Un hito para ellos.

Y Pinot, que perdió más de minuto y medio en los abanicos de Albi, tendrá que seguir remontando en los Alpes como ha hecho en los Pirineos. De escalón en escalón. Y si necesita dar un salto, ahí estará la voz de fuego de Madiot para gritarle: «¡Como Luis Ocaña!». Este Tour, sin Froome y con un equipo Ineos que no controla la carrera, es una oportunidad única para la revolución. Para tipos como Ocaña, la inspiración que Madiot le aporta al introvertido Pinot.